Mi abuela tiene 82 años y ya no cocina como antes. Hoy fui a su casa y le preparé su receta de paella — la misma que ella me enseñó cuando tenía 10 años. Ver su cara de felicidad no tiene precio.

Compartir la mesa con ella, escuchar sus historias de cuando era joven... me di cuenta de que el tiempo con los abuelos es el regalo más valioso que tenemos.